viernes, 3 de agosto de 2012

La bellísima Atenas


Han pasado 138 años desde que el primer huésped se hospedó en el prestigioso Hotel Grand Bretagne y ha sido un éxito desde entonces. Ubicado en el centro político, económico, social y cultural del país, este hotel ofrece cercanía a la vida agitada de Atenas y una vista única al Partenón y al Parlamento Griego. Es el punto de inicio de todos los tours y visitas al centro histórico al igual que al más moderno, donde uno ve centros comerciales del mas alto nivel, boutiques, antros y restaurantes gourmet. Aquí me hospedo yo, 138 años después y encantad.
 Al adentrarte en las activas y calurosas calles de esta fascinante ciudad, uno viaja en el tiempo a la época dorada de la filosofía y la ciencia. Atenas es una de las ciudades mas antiguas del mundo y aquí se combina el presente con el pasado en una harmonía irrepetible. Es una ciudad en constante movimiento, en la cual te puedes perder en sus callejones y ruinas. Zonas peatonales desembocan en iglesias del antaño y mercados improvisados. Aquí uno aprende, se involucra, ama y crea.
Hay muchas cosas que ver y hacer en esta ciudad que por mas de 2500 años ha encantado a todos aquellos que desean conocer su historia y cultura. Para conocer la ciudad, además de visitar todo el centro histórico y cualquier sitio de cultura de Grecia, uno debe pasear por sus calles o la zona de Plaka, dejándose llevar por el ritmo de los acordeones y el rápido pasar de los coches. Toma una ruta distinta cada vez y piérdete para encontrar otro lugar vibrante y otra pieza de arte olvidada. Descubre cada callejón y rincón de la ciudad. Conoce a su gente y enamórate de sus sonrisas constantes. Ve a sus playas de pequeñas rocas y aguas transparentes. Prueba sus deliciosos gyros y excelentes vinos griegos.
La situación económica actual de Grecia, dramatizada por los medios, motiva a los griegos a seguir adelante y mostrarle al mundo esa luz que solo su bella Atenas tiene. Es una ciudad que cambia de día a noche y se reinventa con cada puesta de sol. Tiene un habiente activo y ambicioso que incita en los visitantes una sensación de progreso.
También se fomenta mucho la conciencia ambiental en Atenas de la cual el Hotel Grand Bretagne es un participante muy activo. Siendo parte de La Sociedad Corporativa de Responsabilidad Ambiental, este hotel crea productos reciclados como papel, plásticos y maquinaria electrónica desde el 2006. Se utiliza solo gas natural, pinturas que son solubles en agua y aparatos para limpieza biodegradables. Al igual existen conferencias que le dan a conocer a otros hoteles o lugares de Atenas la importancia de cuidar el medio ambiente, así creando un mundo mas verde poco a poco.
En solo un par de noches me he enamorado de esta vibrante ciudad, su historia y su cultura. Viendo el bellísimo Acrópolis enfrente a mi, me percato que hay tanto por hacer, por ver y por vivir… ¿y que mejor lugar para empezar que aquí, donde todo sucede y nada es imposible?

martes, 24 de abril de 2012

El sabor de Colombia

“Aquí no tenemos prisa”, dice con gran orgullo el taxista que nos lleva del aeropuerto al hotel Agua, donde nos vamos a hospedar por cuatro días. Al asomarme por la ventana me doy cuenta de la verdad en sus palabras. Las caras de los cartagenos son alegres y relajadas. Nadie corre ni se estresa o agita. Aquí la paz reina. En el casco antiguo, uno se deleita perdiéndose entre sus pequeñas calles. Todo está a dos cuadras de todo lo demás. Paseas para encontrarte con una hermosa y antigua catedral que mira hacia una pintoresca plaza repleta de vendedores ambulantes y aromas que provienen de las cocinas de sus casas o restaurantes. Sigues caminando un poco más y te topas con la muralla, la cual puedes recorrer y tener una maravillosa vista del mar, con sus playas de arena obscura y, a lo lejos, los edificios de la parte moderna de Cartagena de Indias, que recuerdan a Miami. Tras admirar la espectacular puesta del sol, que vimos desde el Café del Mar de la muralla, nos dirigimos a cenar. Esperábamos con ansias probar más de la sabrosa comida de esta ciudad, que hasta ahora nos ha encantado. Bajo recomendación gozamos las exquisitas comidas de los restaurantes Vitrola, Don Juan y Vera. Los tres sobrepasaron nuestras expectativas y resultaron en una historia de amor entre nosotros y la comida colombiana. El hospedaje de un viaje es una parte esencial de la experiencia al igual que la gastronomía. El hotel Agua -recomendado por Fernando Botero, hijo del famoso artista-, calificado como el mejor de Cartagena, es un pequeño santuario de comodidad. Cada una de sus seis habitaciones es diferente y toda su decoración está conformada de antigüedades y obas de arte. Un cuadro original de Botero, adorado por los colombianos, cubre la pared derecha de mi cama. La mesa para el café ha vivido más años que mi abuelo y la simpática terraza da hacia el interior del hotel, donde se alzan dos altas palmeras rodeadas por un pequeño estanque. Aquí te encuentras con un servicio excelente y una refrescante alberca en el tercer piso, necesaria en esta época del año aunque siempre se logra escabullir una deliciosa brisa a todos los rincones de la ciudad. Empezando a extrañar de una vez a mi ahora amada Cartagena, nos subimos a un yate que nos llevará a la isla Barú donde, lamentablemente, pasaremos solo una noche. Atravesamos la bahía de Cartagena en 40 minutos y llegamos a nuestro destino, un hotel de tres habitaciones de los mismos dueños y maravillosos arquitectos del Agua. Un muelle de madera es la entrada. Manglares y corales multicolores le hacen eco a las aguas transparentes y tibias de la bahía. Hermosa decoración típica colombiana adorna el camino de arena hacia el pequeños lobby. De ahí son 150 escalones entre árboles y flores para llegar a la habitación. Un alojamiento de dos pisos con piscina propia y vibra buena. En canoas llegan nativos con sus perlas y sonrisas. Un encanto de lugar en donde el tiempo se detiene y los sentidos se alteran. “En Colombia uno se deja llevar”, dijo aquel taxista al principio del viaje. Cartagena es un dejarse fluir en un espacio sin tiempo, ahora entiendo el significado de sus palabras.

martes, 17 de abril de 2012

Cambodia

Después de unos días en Vietnam, mi familia y yo nos subimos a un avión, de madrugada para llegar a Cambodia. Abatidos por la hora y la humedad asfixiante –aunque menor que la de Hanói- nos fuimos directo al hermoso hotel “Le Meridien”.Después de unas horas refrescándonos en su gran alberca y mimándonos con su excelente comida, el guía nos recogió para mostrarnos las maravillas de esa bella tierra. En el mundo hay una infinidad de lugares y construcciones que despiertan cierto sentimiento en el espectador, Cambodia esta repleto de ellos. Angkor Wat es el templo mas grande y mejor conservado en Cambodia, considerado como la mayor estructura religiosa jamás construida. Fue el centro religioso y político por muchos años y ahora es contra la ley que se construya un edificio mas alto que él. Este tesoro arqueológico esta compuesto de torres en ruinas y memorias.
Angkor Wat es parte del complejo de templos en la zona de Angkor construidos entre los siglos IX y XV. Aquí también se encuentran Angkor Tom (Bayon), el templo “de los árboles” y el templo “de las mujeres”. El primero es una gran construcción compuesta de cabezas hechas de roca con la apariencia de Buddha. Las pinturas en sus paredes parecerían intactas y varios pequeños altares con buddhas de oro sentados que puedes ver al tomar un recorrido en elefantes decorados con telas rojas. El camino para llegar a Angkor Tom es un puente largo con antiguas esculturas como guardias. Es verdaderamente difícil absorber todo lo que uno puede ver aquí. El templo de los árboles adquiere su nombre por los grandes arbustos que han conquistado las ruinas que quedan. Enormes troncos se enredan y crecen en las mismas rocas, destruyendo y decorando este espacio. Al llegar aquí uno se pudiese sentir dentro de un libro de fantasía. La roca rosada y los detallados murales le dan su nombre el templo de las mujeres. Perfectamente conservado, esta construcción es la menos alta, pero quizás la mas trabajada. Las expresiones de las estatuas y las miradas de las caras en las rocas le dan un toque místico al lugar que te hace entrar en un estado muy pacífico y silencioso. La gente de Cambodia es algo especial. Su alegría y complicidad es una atributo de la superación de su duro pasado. Se nos explicó que su religión es una de amor, donde uno da no para recibir, sino porque el otro lo merece. Ojos alegres y bromas te dan la bienvenida, a donde vayas, como viejo amigo. Risas y abrazos no hacen falta en este rincón del lejano mundo. Después de la extravagancia de Angkor Wat fue muy impactante visitar el pueblo flotante. Pasamos por zonas decadentes y pobres para llegar ahí, donde casas estaban construidas de paja sobre largos palos para evadir las inundaciones de los monzones. El pueblo flotante adhiere su nombre porque esta construido sobre barcos. Escuelas, casa, tiendas, restaurantes… todo sobre el agua por la misma razón que la gente construye sus casas en aquellos palos.
Cuando el nivel del agua se eleve, el pueblo se elevará con él. Lo recorrimos en una pequeña lancha cuyo motor debimos apagar para que no se atorara en las abundantes algas. La gente remaba de casa a casa. Nos detuvimos en una tienda que exhibía cocodrilos vivos que habitan esas zonas. Apenas y nos quedo memoria en las cámaras después de tan emocionante día. Visitar todas las maravillas de Cambodia no es posible en solo una vida. Por la ventana del coche veíamos pasar templos, monasterios y estructuras de oro, una tras otra. Budhhas nos observaban sentados desde altas plataformas que medían muchos metros de altura. Elefantes paseaban a turistas con ojos brillosos de asombro. Monjes y monjas vestidos de rojo y rosado, quienes con sus cabezas rapadas y pies descalzos cantaban al pasar. El aire olía a curry verde y lluvia. Con su magia y amor, Cambodia nos hipnotizo y cambió la mirada.

lunes, 23 de enero de 2012

Calire’s en Santa Fe


Ya llegó al Distrito Federal la tienda más esperada por las chavas que son fan de la moda y llegó justamente a Santa Fe.
Esta tienda de accesorios, originaria de Estados Unidos, ha encantado a las chicas desde su apertura en 1974. La vibra que tiene el establecimiento con sus colores morados es tan relajada que puedes y quieres quedarte horas y horas.
Durante su evento de inauguración, el centro comercial Santa Fe se inundó de risas y halagos. Le emoción de las chavas por tener al fin su marca favorita en México se contagiaba.
El momento en el cual se cortó el listón, la tienda se inundó de ansiosas compradoras.
Con una bolsa de shopping en una mano y un delicioso smoothie en la otra, las chicas gozaban del fotobooth donde se tomaron millones de imágenes para llevar el recuerdo a casa.
Yo me encontraba entre estas chavas y no hubo un momento en el cual no veías una sonrisa en mi cara, disfruté mucho esa tarde.
Algo que siempre ha llamado mucho la atención de las compradoras de la tienda es su gran variedad de accesorios. Para todos los gustos y edades hay algo hermoso que te puedes llevar a casa, ya sea formal o no. Además, las colecciones cambian constantemente, sacando nuevos diseños que nunca te llegan a aburrir.
Por eso se puede visitar esta tienda tan a menudo, siempre hay algo nuevo que te llame la atención.
Algo que hacía mucha falta en el centro comercial más grande de la ciudad de México era un buen lugar para hacerte piercings, lo puedes hacer en este espacio, que ya que tiene más de tres mil locales en todo el mundo.
Calire’s es una tienda que ofrece todo lo que un capricho pueda necesitar y más. Sin falta la visitaré cada que tenga la oportunidad.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Cambodia


Dejando atrás la alocada ciudad de Hanói en Vietnam me dirigí hacia otro nuevo mundo que moría por conocer; Cambodia. En el sureste de Asia, alejado del mundo, apartado de la “modernidad” que conocemos, está este hermoso reinado repleto de maravillas. Adentrándome en este reinado me encontré con una diferencia tan drástica de Vietnam que por unos momentos las sonrisas de su gente me confunden. Vistas hermosas y bellos monumentos cubren toda la superficie de Phnom Penh (la capital), a mí derecha un enorme monasterio y a la izquierda una figura de buda bañado en el oro que era tan abundante en esta zona. Dos minutos después del aterrizaje y yo ya me podía declarar enamorada de Cambodia y su atmósfera tan llena de vida.

Elegida para ser candidata de las nuevas 7 maravillas esta el conjunto Angkor Wat, el edificio más antiguo y -por ley- más alto de la ciudad. Angkor Wat es mucho más que una simple ruina repleta de estatuas y trazados en las paredes; es un portal hacia el pasado de los días de gloria de Cambodia. Un terreno tan grande que recorrimos a coche contiene todo este conjunto donde está la alta entrada de Angkor Wat, el templo de Angkor Wat y Angkor Tom o Bayon, la terraza de los elefantes, la plaza donde se hacían las ceremonias importantes de esta época, el templo Ta Prohm y Banteay Srei.

Es verdaderamente sorprendente como una populación que fue aterrorizada por el Khmer Rouge, una asociación comunista que asesinó a más de 2 millones de víctimas en solo 4 años, puede ser tan alegre. El Budismo Therevada es la religión oficial del país y esta se enfoca mucho en el presente; en vivir en el momento, perdonar el pasado y no preocuparse por el futuro. Esto algo que yo creo que ha cambiado la forma de vivir de todos estos habitantes, sacándolos de malos tiempos y dejándolos con el sabor de victoria en boca. Los camboyanos -o Khmers como a nuestro guía le gusta llamarse- son personas simplemente felices, que ven el mundo como algo bello que de buena gana nunca podrán entender por completo. Su creencia en el karma les da una razón para hacer el bien de forma inocente, pensando solo en cómo afectan a otros. No solo es Phnom Penh una hermosa ciudad por la gran historia que se esconde en cada rincón y la belleza física de sus monumentos, sino que lo encantadores que sus habitantes son te da aún más razón para amar a esta ciudad como nunca pensaste amar un lugar que no es tu patria.

jueves, 11 de agosto de 2011

El Oriente Lejano

Se puede leer en libros, ver en películas, admirar en fotos o intentar de entender a través de la voz de alguien que lo ha vivido; pero las palabras nunca llegarán a explicar la realidad de la belleza y majestuosidad del Oriente lejano. No es solo un lugar bello y exótico, sino que también es mágico. Hay cierta vibra en el aire de ahí que sobrepasa la de Machu Pichu, es otro mundo por completo. Ir a los lugares que visité –Cambodia, Myanmar, Tailandia y Vietnam- es conocer otra forma de vida que uno no pensaba que existía ni en la fantasía. No solo tienen estos bellos países una cultura cien por ciento distinta a la nuestra, sino que entre cada uno hay grandes diferencias.
Vietnam:
El viaje comenzó con un vuelo de doce horas de París a Hanói, la capital de Vietnam. Lo primero que uno llega a ver desde la ventana empapada de lluvia son los campos de arroz; kilómetros y kilómetros de ese pasto verde y alto que parece estar casi sumergido en agua. El guía nos explica que aquí se piensa que las mujeres tienen más paciencia que los hombres, y por eso solo las ves a ellas trabajando en los plantíos, agachadas bajo el sol y con sus típicos gorros de paja triangulares.

Luego uno llega al centro de la ciudad donde se ven más motocicletas que autos. Los edificios son estrechos, bajos y casi en ruinas; la pobreza de un país comunista esta a plena vista y contrasta tanto con lo que acostumbramos a ver en el DF, que uno no sabe cómo reaccionar.

En el centro de Hanói se encuentra el rio Hoan Kiem, hinchado por las lluvias de los monzones. En el centro de este rio se llega a ver una pequeña isla que los ciudadanos han convertido en un templo Budista donde grandes cantidades de incienso se queman a diario, su humo dándole un toque de misticismo al aire.

Pasear por los bazares de Hanói –ya sea a pie o por rickshaw- es una experiencia de lo más extraña. Las calles son pequeñas y sucias, toda la gente come en la banqueta en pequeños banquitos, llenando el aire a olor de noodles recién hechos. Tiendas de madera de bamboo y ropa, motocicletas con dos o tres personas en ella y cables de electricidad al descubierto es todo lo que puedes ver, estas en un lugar desconocido y todas las calles te parecen iguales, no hablas el idioma y la gente no se ve muy amigable; una experiencia que sabes que no vas a volver a vivir.

Una de las cosas que más me sorprendió de este mercado es las pocas ganas que la gente tienen de vender su mercancía: ¡pareciera que no existes! Para que te den el precio de cierto objeto tienes que rogar. Fue algo increíble y nuevo; nunca se podrá borrar de mi memoria esos momentos.

Algo que también me creo una gran impresión eran las caras de las personas -y no hablo de sus ojos rasgados y pequeñas narices- sino de la expresión que estaba en todas; parecían rendidos, como personas que ya han aceptado su miseria. En India veías felicidad y esperanza en los ojos de sus habitantes, pero aquí parecía que la gente no veía otro remedio que estar conformes con lo poco que tienen.

Aun se me enchina la piel de pensar en lo mal que la vida de una persona debe de estar para que piense que no pueden estar peor y no intente levantarse. Vietnam me abrió los ojos al mundo en el cual vivimos y me hizo agradecer todo lo que tengo y he tenido; en especial la esperanza y motivación de llegar a una meta.

Me enamore de Hanói: ame su templo de La Literatura, su río y sus diferencias a lo que uno llamaría normal. En pocos lugares he aprendido tanto como ahí y por siempre me aferraré de mis recuerdos de este extraño lugar.

lunes, 23 de mayo de 2011

St. Regis Punta Mita Resort


La ciudad de México en una gran metrópoli que ofrece de todo y es amada por todos sus habitantes, pero aunque sea un lugar lleno de diversas actividades y cosas que hacer, llega a ser algo abrumarte. Todos necesitamos un break de vez en cuando. Un lugar en donde nos podamos relajar y alejar por completo de la aturdida vida de la ciudad. Y yo he encontrado el perfecto lugar para hacer solo eso.
Punta Mita es un conjunto de hoteles de lujo que contiene a cadenas como el Four Seasons y Saint Regis. Yo me hospede en el posterior y me encontré con un paraíso que contrasta a nuestra ciudad en todo excepto dos cualidades: Un sinfín de experiencias por vivir y comida exquisita.

El Saint Regis es un hotel que ofrece todo lo que uno pueda necesitar para pasar unas vacaciones relajantes en una de las playas más bellas de América; Puerto Vallarta. Me hospede aquí por un fin de semana y deseo haberme quedado más.

En este maravillosos hotel ofrece 89 hermosas habitaciones y 31 suites con distintos diseños y amenidades. El huésped cuenta con el servicio de un mayordomo las 24 horas que lo consiente.

El St. Regis Punta Mita Resort también cuenta con tres restaurantes donde uno puede encontrar platillos exquisitos y de excelente calidad. Como Las Marietas, el Sea Breeze Beach Club y Carolina.

Es imposible no ser tentado a jugar golf en los lujosos campos diseñados por Jack Nicklaus o dejarse mimar en el relajante Remède Spa.

Las Islas Marietas se encuentran muy cerca y ofrecen aventuras al aire libre y un millón de lugares para apreciar su belleza natural. Las vistas de cualquier punto del hotel son espectaculares, pero ver la rojiza puesta del sol desde la arena blanca no tiene igual. Son en esos instantes, cuando se hunde el sol en el horizonte, que uno se da cuenta de las cosas que en realidad tienen valor en la vida y como hay que aprovecharlas.

St. Regis Punta Mita te da la oportunidad de hacer justo eso.